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Solidaridad que trasciende fronteras

La historia de José es una de esas historias que nos gustan en Wingo, las de la gente buena onda que cada día nos ratifica por qué existimos y nos llena de razones para seguir haciendo nuestra labor con todo el ánimo.

José tiene más años de los que quisiera revelar, o por lo menos ya dejó de llevar la cuenta, porque para él la vida es más que números y años cumplidos, para él se trata más de los momentos vividos y de las personas en las que ha podido dejar una marca, por pequeña que sea.

Nació en República Dominicana, específicamente en Santiago de los Caballeros, un lugar donde las playas cristalinas se roban todas las miradas de los turistas y son parte del orgullo de nativos como José. Contrario al lujo y la elegancia que supone pensar en un lugar como ese, José nunca se ha dejado deslumbrar por lo superficial y siempre vio más allá de su entorno.

Fue por esa razón que decidió emprender un viaje largo, lejos de los lindos paisajes que acostumbraba a ver desde pequeño, para venir a Colombia a ver otro paisaje totalmente diferente, uno un poco más crudo, pero que no deja de ser real. José vino a Cúcuta para ayudar a los más necesitados y dar alimento a los niños de escasos recursos de esa ciudad.

Pasada una temporada y sintiendo que había cumplido su labor, José estaba preparado para regresar a su país de origen, pero como la vida casi nunca sucede según lo planeado, este dominicano de gran corazón extravió su pasaporte y empezó a tener muchos obstáculos para devolverse a su tierra natal.

Esa temporada, que José pensó sería cuestión de meses, se convirtió en toda una vida y resultó en casi una década de vivir en Colombia. A pesar de que fue algo inesperado, nunca se ha arrepentido del giro que dio su vida, porque fue lo que lo llevó a inmensos aprendizajes y a dejar en muchas personas una huella imborrable, un pequeño aporte desde su buena voluntad, que sin duda, ha representado para él una gran satisfacción y para quienes se vieron beneficiados por su ayuda, una esperanza para el cambio.

Generalmente, lo que comienza bien, termina bien y esta historia no es la excepción. José, aunque muy contento por todo el tiempo que pasó en Colombia y todos los buenos momentos que le dejó el no haber podido regresar cuando lo planeaba, anhelaba regresar a su casa, con su familia, a pasar tiempo con sus hijos y a conocer a su primer nieto que nació hace poco.

Fue por esa razón que la misma comunidad a la que él un día había decidido ayudar desinteresadamente, ahora quería devolverle el gesto y realizó una colecta para reunir lo que a José le hacía falta para comprar el tiquete y regresar a su país. Así, desde Cúcuta, la comunidad se acercó a Wingo y adquirió los tiquetes para Punta Cana que llevarían a José a reencontrarse con sus orígenes y contarle a todos sus seres queridos que es cierto que la buena onda solamente atrae más de lo mismo.

Desde Wingo, a través de nuestros oficios, pudimos agilizar el proceso de salida de José del país; y en alianza con Migración Colombia le pusimos alas a la ilusión de este dominicano que anhelaba volver a su tierra con su familia.

Son estas las personas y las anécdotas que nos llenan de alegría, porque hacen parte de nuestra esencia, de lo que queremos ser y brindar, no solo a nuestros viajeros frecuentes, sino a todos aquéllos que, por alguna razón, deciden acercarse a Wingo.  Nuestras puertas están siempre abiertas para todos los que tienen como bandera hacer el bien.

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